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El hada del puente

Autor: Merce Jou

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Había una vez una conejita de pomposo y suave pelito blanco que vivía en el bosque con sus papas y sus 23 hermanitos. Cada tarde recorría un sendero que conducía a un pequeño puente de madera que cruzaba el riachuelo y contenta y feliz cruzaba el puente, tarde trás tarde.

¿ Y porque iba cada tarde a cruzar el puente ? te preguntarás. Y es que la linda conejita blanca tenía un amigo muy especial, un conejito color cafe, muy alegre y saltarín, que vivía al otro lado del riachuelo y juntos pasaban muy buenos momentos en las cálidas tardes de verano.
Un atardecer, después de que la conejita volviera a su madriguera junto a su família, nubarrones negros cubrieron el cielo y de repente una fuerte tempestad inundó todo el bosque con las resplandecientes luces de relámpagos y el sonido de fuertes truenos y en un abrir y cerrar de ojos comenzó a llover muchísimo. La conejita blanca y sus hermanitos temblaban de miedo mientras sus padres los tranquilizaban.


- No pasa nada mis queridos hijitos, es solo una tormenta, una bendición que nos trae la lluvia y con ella el agua que nos da la vida. No tenéis nada que temer, aquí en nuestra casa nada nos va a pasar.


Al día siguiente por la tarde, ya escampada la tormenta desde hacía unas horas y bajo un suave aroma a tierra mojada, la conejita se dispuso a ir a visitar a su querido amigo el conejito pardo y saltando feliz y contenta se acercó al riachuelo dispuesta a cruzar por el pequeño puente de madera.

Cual no fue su sorpresa cuando llegó al rio y espantada contemplo un montón de maderas rotas en el lugar donde debería estar el puente. Aquella noche, por las fuertes lluvias, había bajado tanta agua por el riachuelo que se había llevado el puente.

Triste y apesadumbrada se quedó mirando el otro lado del riachuelo y suspirando pensó que no podría volver a ver a su amiguito. Dándose la vuelta muy apenada y con la cabeza agachada, caminando lenta y pesadamente regresó a su madriguera. Allí llegó la noche mientras la linda conejita blanca suspiraba y lloraba.


- Hayyyy, no podré volver a ver a mi amigo, que desdichada soy, si hubiera alguien que me pudiese ayudar sería tan dichosa !.- se lamentaba.

Mientras tanto, a orillas del rio, un hada vestida de azul turquesa y lindas y vaporosas alas transparentes y brillantes, contemplaba el destrozado puente, el cual había estado cuidando en secreto, procurando que ningún animalito del bosque cayera por accidente al rio.
- Mmmmm vaya como ha quedado mi puente ! - exclamó - voy a tener que hacer algo hoy mismo, no puedo esperar más.

Dicho y hecho, casi al amanecer, se dirigió rio abajo en busca de una familia de castores que vivia en un recodo del rio


- Hola queridos amigos - saludo a la familia - ¿ como estáis ? - les preguntó
- Uffff un poco entretenidos ya de buena mañana, recomponiendo nuestra madriguera, pués la crecida del río nos la ha desbaratado toda.
- Tengo trabajo para vosotros - les dijo el hada - necesito vuestra ayuda
- Si claro - respondió papá castor - ¿ que necesitas ?
- Rio arriba se ha roto el puente que cruza el rio y necesito que cortéis unos troncos para poner reconstruirlo

- ¡ Eso está hecho ! - respondieron todos los castores al unísono

Los castores se pusieron manos a la obra, o más bien debería decir dientes a la obra, y en un plis plás tenían un montón de troncos cortados.

El hada contemplaba la pila de troncos apilados y sacando su varita mágica la agitó en el aire, desprendiendo muchísimas chispitas de colores. En ese momento, muchísimos animalitos de ese lado del bosque aparecieron en la linde el rio. Llegaban ciervos, coyotes, ardillas y volando aparecieron hasta las nocturnas lechuzas. Allí estaban incluso los papas de la conejita. Todos los animalitos miraban al hada medio hipnotizados.
El hada los miró y suspendida en el aire batiendo sus alas les dijo


- Hoy vais a ser todos unos estupendos ingenieros y vais a construir de nuevo el puente del rio que hemos perdido con la tormenta.

Todos los animalitos se miraron unos a otros y sin darles tiempo a pensar nada, el hada agitó su varita mágica sobre ellos y cuando el precioso polvo de hadas tocó sus cuerpos, se pusieron todos tiesos y dignos como auténticos y expertos ingenieros.

Los coyotes comenzaron a tomar los troncos y a colocarlos sobre la cornamenta de los ciervos macho que comenzaron a transportar los troncos rio arriba.


Cuando todos los troncos estuvieron en el lugar donde se encontraba el malogrado puente, todos los animalitos comenzaron a construir afanosamente y con gran destreza. Las ardillas y conejos fabricaban cuerdas con cañamo, mientras los coyotes, ayudados por los ciervos y otros grandes animales como los osos colocaban los troncos uno trás otro uniendolos con la cuerda que las lechuzas les acercaban por el aire. Todo era un bullicioso ir y venir con mucho movimiento alrededor del puente que ya comenzaba a tomar forma.

Estando el sol ya bastante alto en el cielo, el puente estuvo terminado. Lucía estupendamente de lado a lado del riachuelo y disponía incluso de barandilla, toda una obra de arte ! y unas mamas conejitas habían hecho unos ramitos de flores y lo habían decorado para la inauguración.

Tanto el hada como los animalitos lo contemplaban y el hada, satisfecha y agradecida, agitó su varita mágica de nuevo sobre los habitantes del bosque mientras dijo solemnemente

- Unas horas habéis trabajado
el trabajo habéis terminado
volviendo a vuestro estado original
os agradezco este trabajo genial

Fue así como todos los animales regresaron uno por uno a sus casas, satisfechos por el gran trabajo en equipo que habían realizado, mientras el hada permaneció contemplando el puente, feliz y contenta.

De repente algo se movió a lo lejos, las pequeñas ramitas de pasto se agitaban y al momento pudo ver aparecer unas alargadas orejitas blancas. Era la conejita que se acerbaba pesadamente al rio, triste y llorosa, esperando encontrarse con el puente hecho trizas y quedarse sentadita mirando hacia el otro lado del rio para intentar ver si su amigo aparecía y se podian ver aunque fuera con el rio de por medio.

Cuando la conejita llegó al rio sus ojos se abrieron como platos. Sin poder creer lo que veía se encontró el nuevo y maravilloso puente ante sus ojos. El hada, escondida tras unas hojas, la miraba sonriendo.

La conejita dió unos alegres brincos hacia el puente y trás pararse unos segundos a contemplarlo, echó a correr por el puente en busca de su amigo.

El hada, despues de ver a la conejita desparecer en el otro lado del bosque, y con su corazón lleno de felicidad, pasó su varita mágica sobre el puente diciendo

- Mucha fuerza adquirirás
y todas las riadas resistirás.

Así fue como ese nuevo puente, robusto e indestructible, permaneció muuucho tiempo cruzando el rio y ¿ adivináis quienes lo cruzaban ? la conejita blanca y el conejito pardo, que se habían casado y formado una familia con muuuuuchos hijitos, que cada tarde cruzaban el rio para ver a sus abuelos.

Y colorin colorado este cuento se ha acabado.

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